Capítulo 24

Casi pasamos de largo. Estábamos tan inmersas en nuestros pensamiento que ni nos dimos cuenta de que ya habíamos llegado.
-Aquí es... Tengo una intuición y estoy segura de que está aquí.
-¿En serio? -Miré a Ari como si estuviera loca. -¿Aquí? No me puedo creer que me quieras meter aquí de noche... ¿Que te hace pensar que está aquí?
Miré el oscuro edificio, realmente daba miedo de noche. Subimos las verjas y saltamos al interior. Ari se me quedó mirando.
-Bueno, ¿ahora que me miras?
-Yo no sé abrir puertas cerradas... ¿Tú?
No me lo podía creer... le miré con desaprobación.
-Por lo menos podríamos haberme dicho que tenía que forzar un cerrojo y habría traído algo para ayudarme.
Abrí la puerta al cabo de unos minutos ayudándome de una piedra y varias horquillas. Pasamos al vestíbulo y seguí a Ari por el pasillo que llevaba a la biblioteca. Abrió la puerta y para mi sorpresa al final de la biblioteca estaba Carolina. Se levantó de un salto, se puso en modo ataque ninja y nos miró. Su sorpresa fue tan grande como la mía. A pesar de todo lo que estaba pasando me entraron ganas de reír al verla de esa forma y como no, no pude evitarlo y me entró un ataque de risa...
Ahora era Ari la que me miraba como si estuviera loca, pero cuando se dio cuenta de que era el origen de mi risa también le dio a ella. Y ahí estábamos las dos, riéndonos como tontas mientras Carolina relajaba su postura y nos miraba con recelo.
-¿Se puede saber que es lo que hacéis aquí? -Gritó. -¿Y a santo de qué os reís?
Ari intento controlarse, yo no tuve tanta suerte.
-Lo siento Carolina... -Aunque lo intentaba seguía riéndose por lo bajo. -Veníamos a buscarte. 
-Creo que ya podéis dejar de reír. Esto no es un circo... ¿Cómo habéis entrado? -Su recelosa mirada me la dirigió a mi esta vez.
Cuando pude relajarme le miré y pude contestar. 
-Tengo mis trucos. Tengo que hablar contigo.
-Bien... ¿qué quieres?
-Tu has sido la última persona en ver a mi abuela y no me lo puedes negar. Ari y yo te hemos visto con ella en el cementerio. Así que ya puedes empezar a abrir esa boca y explicarme donde cojones está mi abuela. -Mi tono fue subiendo conforme mis palabras salían de mi boca.
Su expresión cambió radicalmente. Su mirada se quedó perdida por un instante que me pareció mil años.
-¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Cómo que no encuentras a tu abuela? ¿No está en casa? ¿Y por qué estás aquí en vez de haber salido por ahí a buscarla? Temía que pasara esto... -Ya no pude pensar... ya no hablaba conmigo, ni con Ari, hablaba sola... -Sabía que acabaría pasando... y se lo advertí. Esa vieja estúpida no me hizo caso... 
-¿¡A quien te crees que llamas estúpida!?
Carolina cada vez más furiosa me miró y me congelé ahí mismo.
-"¡CÁLLATE DE UNA VEZ!"
No abrió la boca... no abrió la boca... 
Carolina empezó a dar vueltas por la sala sin parar de hablar por lo bajo. 
Ari y yo nos miramos y empecé a preocuparme. Noté la mano de Ari sobre la mía, como gesto de apoyo.
-Todo saldrá bien, seguro que todo acabará en un simple susto. -Me susurró.
De repente Carolina se quedó quieta miró hacia al techo con los brazos extendidos y sus ojos se volvieron blancos. Sentí una pizca de miedo mezclada con curiosidad. ¿Qué estaba haciendo?
Pasaron unos minutos y noté una mano que me tocaba el hombro y solté un puñetazo y no imaginé que el destino de tal golpe sería la cara de Carlos. 
-¡Tranquila, soy yo! -Hizo un alto con los brazos.
-¡Carlos! -El grito de Ari se escuchó tan fuerte que dimos un salto del susto.
-Carolina me ha llamado. ¿Qué ha pasado? Ha tenido que ser algo muy fuerte para que lo haga de esas... -Entonces miró a Carolina y su mirada se oscureció. Eché la vista atrás y vi a Carolina de rodillas con las manos en el suelo y susurrando palabras extrañas.
-¿Qué está haciendo?
Miré a Carlos esperando una respuesta, no la hallé. En cambio, empezó a caminar dirección a Carolina y se puso de rodillas frente a ella. Nos instó en sumarnos a su alrededor y así hicimos. Y como pasó la última vez todo se volvió oscuro y dejamos atrás el instituto.

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