Capítulo 30

No se como me dejé atrapar... esos estúpidos ni me habían visto dentro del castillo. Pero no la encontraba y para verla necesitaba dejarme coger, pues me enteré de que ella se había desmayado. Necesitaba verla pero ahora me daba cuenta del estúpido que ha sido mi plan. Aunque escaparme sería sencillo, era la única forma para demostrar que quiero ser mejor. Pequeña... lo que tengo que hacer por ti.
Me senté tranquilo esperando a que llegara esa arpía llamada Reina. Aburrido contaba todas las hojas que habían en la celda cuando escuché su grito, seguido de un estruendo.
-... ¡BECER!
Supongo que esa sería una buena señal de que debía salir ya de aquí. Sin gran esfuerzo salí entre las rejas de hiedra venenosa, la cual conseguí que dejara de afectarme hace mucho tiempo en mis entrenamientos, despisté fácilmente a los guardias y salí de los calabozos dejándome guiar por mi intuición. 
Cerré los ojos e intenté visualizarla. Empecé por los pasillos laberínticos hasta que conseguí salir de allí. Esta gente debería empezar a hacer calabozos adecuados a mi medida. Seguí caminando hasta que me tropecé con ella. Por fin. Ella me miró con unos ojos llenos de tristeza y necesidad que no pude resistirme a abrazarla.
-Están vivos... -me dijo entre llantos. La abracé más fuerte sin saber lo que me quería decir con eso. -Están vivos Becer... vivos.
-Tranquila. Estoy contigo. Estamos juntos ahora. -No controlaba mi voz, no podía verla así, tan triste y desolada. -¿Qué ha pasado? -Me di cuenta entonces que Carlos y Ari también nos acompañaban en nuestro reencuentro.
-Becer... te necesitaba. -Y mi corazón dejó de latir por un segundo. Me necesitaba... Realmente pensaba que solo la necesitaba yo a ella, pero escucharla decir que me necesita... era como tocar el cielo.
-¡Aquí están! ¡Guardias! -Esa voz... era aquella arpía.
-No te separes de mí, por favor... -Silvia levantó la cabeza y me miró implorando. 
-Nunca. -Le prometí.
-Silvia, sepárate de él. ¡Ahora! No sabes quien es realmente. -Algún día mataría a esa arpía.
-Silvia... cariño, puedo explicarte todo. -¿quién era esa mujer? Se parecía a... Entonces, mi mente dio un respingo y recordé lo que balbuceaba hace un momento mi pequeña. 
-Esa... es tu madre. -No era una pregunta.
-Si... -Pero su mirada seguía dirigida a mí.
-Silvia, vuelve aquí. Necesitamos hablar de lo que ha pasado. Por favor, hija, vuelve conmigo.
Noté como se revolvía Silvia y por un momento dudé que se quedara conmigo. No me dejes... ahora no.
-¡NO! ¡AL IGUAL QUE TU NUNCA VOLVISTE CONMIGO CUANDO SE SUPONE QUE NO HABÍAS MUERTO! ¡ME DEJASTE CREER QUE ESTABAIS TODOS MUERTOS EN VEZ DE ESTAR CONMIGO! ¡NO! 
-Tranquila niña, nosotros no somos el enemigo. Todo tiene una explicación y la culpa la tiene su padre, no nosotros. -Esa arpía de nuevo. Fui a replicar pero Silvia se me adelantó.
-¡NO! ¡NI SE TE OCURRA CULPAR A BECER POR LO QUE HAYA ECHO SU PADRE! ¡NO ME SEPARARÉ DE EL! ¡EL ES BUENO, NO MALO! 
Noté como nuestras respiración se acompasaban, igual de agitadas las dos. Esa pequeña me estaba defendiendo...
-¡EL NO TIENE LA CULPA DE QUE SU PADRE SEA QUIEN ES!... Al igual que yo no tengo la necesidad de estar aquí... Así que si dejáis que Becer se quede me quedaré, si no, me iré con él. 
Por un momento quise morirme, con ella entre mis brazos todavía... jamás me habían defendido, siempre tuve que hacerlo yo mismo, pero que esa pequeña lo hiciera significaba que no todo lo hice mal en mi vida. Al menos, en mi vida anterior.
-Silvia, no podemos permitir que ese se quede aquí. -Dijo con voz serena y amenazante la arpía. 
-Se llama Becer, no ese y vuelvo a decir que si el se queda, me quedaré y si no, me iré. 
De repente, me acordé de su madre y la miré, y me di cuenta de que ella me miraba y sentí que me agradecía algo con la mirada. ¿Por qué?
-Déjala ir. Mi Reina, ahora no va a cambiar de opinión pero estoy segura que cuando lo piense y se tranquilice volverá. -Inclinó la cabeza a favor de la Reina, pero sus ojos seguían fijos en mí. ''Cuidala'' me dijo con los labios. Bajé la cabeza en señal de agradecimiento porque me dejara llevarla conmigo.
-Esto es traición a la corona. ¿Estás segura?
-Sí. -Contestaron a la vez madre e hija con total convencimiento. 
Fuimos a darnos la vuelta cuando una voz tartamuda interrumpió.
-Mi Reina... ¿podemos acompañarlos? -Ari... -Nosotros podríamos convencerla de que vuelva. 
-Os doy una semana, si pasa una semana y no volvéis ninguno, se os tratará como fugitivos, lo que significa que traicionáis a la corona. 
Bajaron la cabeza y nos siguieron. Sentí a Silvia como se pegaba cada vez más a mi y la abrecé con más fuerza, sentí que los dos nos íbamos a desfallecer en cualquier momento, pero continuamos con toda la fuerza que nos quedaba.
Salimos de la Fortaleza con todos mirándonos, los guardias con sigilo y los habitantes con sorpresa por ver a los chicos junto a mí y horror por verme a mí.
La miré y vi en su cara una actitud dura, pero en cambio, en sus ojos vi el dolor de darle la espalda a lo que ella tanto había extrañado... mi pequeña. Aunque no me escuches ahora, te prometo que nunca te dejaré.

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