Capítulo 33

-Déjalo, es una tontería...
Sus ojos me suplicaban que me sincerase con el. No podía evitar ver su mirada así.
-Por favor... cuenta conmigo. Sabes que no voy a juzgarte.
Me pensé si decirle la verdad o mentirle, pero opté la mejor decisión de mi vida.
-Una... cuando toqué la tierra, me sentí bien, en paz conmigo misma... -No podía continuar, las lágrimas se desbordaban por mis mejillas.
-¿La otra? -Tú la sabes Becer... tú la sabes... piensa. -¿La otra?
Suspiré.
-Cuando te encontré en la Fortaleza y me abrazaste sin razón alguna... -Me costaba un mundo en decir esas palabras. -Contigo me sentí liberada, me siento liberada, siento que puedo ser real, que no tengo que dar otra imagen, que puedo ser yo misma...
-Oh... mi pequeña... -¿Qué? ¿Mi pequeña? ¿Me ha llamado, mi pequeña?
Y me besó... me cogió por la cintura y me besó... no lo podía creer, el ambiente, el aire, la tierra me daba la fuerza para continuar y ser valiente... todo iba acompasado con ese beso, ... era fresco y natural, lo abracé por el cuello y lo pegué más a mí sin remedio. Mi cuerpo empezó a calentarse tanto que sentí que iba a arder en cualquier momento, y efectivamente, mi cuerpo empezó a arder junto al suyo, pero no me quemaba...
Nos separamos, pero solo nuestros labios, el seguía abrazándome por la cintura y yo a el por el cuello.
-Nos quemamos. -Sus ojos atónitos miraban a nuestros cuerpos y al fuego que comenzó a apagarse poco a poco. -¿Qué ha sido eso? ¿Has sido tú? -Me preguntaba mientras un brillo de orgullo aparecía en sus ojos. 
-Creo que sí. -Asustada por su respuesta, pero no había por qué, su sonrisa se hacía cada vez más grande.
-Mi pequeña... eres extraordinaria. 
Y volvió a besarme y me sentí plena y feliz de que eso no le diera miedo, que me empezara a coger asco por lo que podía hacer... debía ser el bosque... ¿pero qué hacía pensando eso cuando él, en quién he pesando he imaginado este momento tantas veces, me estaba besando? Cerré los ojos y disfruté al máximo del sabor y su frescor, del aliento que se le escapaba en cada milímetro de separación que utilizábamos para respirar. Me apretó más a él y comencé a arder de nuevo. Sentía que esa noche iba a pasar algo más que un simple beso, nuestros cuerpos se pegaban aún más si cabía. Empecé a bajar su mano suavemente por su espalda, dándole a entender que quería más. Sus ojos se abrieron para mirarme y encontré furia en su interior y yo le correspondí. Me acerqué a su cuello, suspiré y noté cómo un escalofrío le recorría por el cuerpo, sentí el poder que hasta entonces no sabía que tenía sobre él y decidí actuar. Le besé el cuello, lo apreté más hacía a mí y de su boca salían exhalaciones cada vez más fuertes. Enredó sus dedos entre mi pelo y me separó de él.
-¿Estás segura? -Sabía exactamente que quería decir con esa pregunta...
-Si. -Mi respuesta directa hizo que en sus ojos centellearan más peligrosos que nunca.
Me volvió a besa, esta vez con más ímpetu, como si este momento no se volviera a repetir jamás, yo me dejé... todo el miedo, el rencor y la angustia desapareció del todo y me dejé llevar por sus manos que me acariciaban y recorrían toda mi espalda, me dejé llevar por su besos, esos besos que me dejaban exhausta y me tumbó en el suelo sobre la hierba.

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