Capítulo 28

Continuamos andando por un sendero, oscuro, frío, terrorífico (para Ari, parecía que ni respiraba del pánico). Me acerqué a ella y sin previo aviso le cogí de la mano.
-Tranquila, todo irá bien. Estoy contigo. En todo momento. -Susurré.
Su mirada agradecida y su respiración apaciguándose por mi palabras me avisó de que estaba mas tranquila.
-Gracias... -le sonreí.
Vi a Carlos acercarse con intención de decirnos algo tranquilizador, pero le miré sonriendo, apreté la mano de Ari y ella hizo lo mismo. Carlos a su vez se nos quedó mirando y se acercó callada a Ari y le cogió la mano. Así que decidí apartarme y me quedé un poco atrás. Los miré y me fijé en sus miradas de complicidad... no me había dado cuenta de que ellos estaban teniendo una historia, en como el siempre se acerca a ella y le aprieta la mano a Ari, en como la mira como si fuera única, cierto es que es una criatura única en su especie. Verlos así hizo que me acordara de Becer...
-Carlos, ¿dónde está Becer? -Interrumpí.
Carlos me miró sin saber que decir.
-¿Qué pasa? -insistí.
-No pasa nada, él esta bien y no creo que tardemos mucho en verlo.
-¿Cómo que en verlo? ¿Él está aquí? ¿Por qué no me lo habías dicho antes? ¿Que te pasa? -Las preguntas empezaron a salir disparadas.
-Tranquila. -Se empezó a reír. -Oye, se que tienes muchas ganas de verle, pero tranquila y te lo contaré.
-Perdón...
-No pasa nada. Haber, el está bien, al menos eso espero, no te asustes, el sabe cuidarse perfectamente solo. Ha tenido que ir a un sitio... para arreglar algo... pero pronto volverá.
-Ha ido a un sitio... para arreglar algo... ¿Y pronto volverá? ¿Puedes ser mas específico? Habías dicho que me lo contarías todo.
-Silvia, no puedo contarte más. Tendrá que ser él quien te lo explique, si quiere o... puede.
-Esto no es justo... -repliqué por lo bajo.

Llegábamos al final del sendero y pronto empezó a aparecer una luz infinitamente luminosa, casi cegadora. Pasamos por una puerta de burbuja transparente. Al pasarla encontramos otro mundo, lleno una luz intensa.
Un pueblo lleno de pequeñas cabañas moradas, verdes, naranjas..., cada cabaña de un color. Conforme nos íbamos adelantando veíamos extraños árboles, ríos que caían del cielo y otros que subían de las entrañas de la tierra. Criaturas tan extrañas como extraordinarias. Hacía un tiempo me dediqué a estudiar animales mitológicos, algunas los recordaba y otros ni los conocía. Como el Jackalope, vi solo a tres, era impresionante ver a uno con mis propios ojos, aunque eran raros pues solo se reproducen en tormentas en las que solo caen granizo.

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