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Capítulo 16

La bola de papel que me dio en la espalda tenía tinta en algunas parte, así que, la abrí y alise el papel. Había algo escrito en él; ven al cuarto de la limpieza. Te espero. Tampoco me sonaba la letra, así que de camino al cuartillo analicé quien podría ser la persona que me escribía para hablar conmigo... ¿Y si fuese Becer? Él se había ido a esa dirección... me dio un vuelco al corazón al imaginarme a Becer esperándome, con su media sonrisa dibujada en su cara y su pose despreocupada, sus ojos negros y profundos, con un brillo sobresaliendo de esa misma profundidad. Me arreglé el pelo con las manos de camino hacía allí cuando justamente me lo encontré. -¿Qué haces por aquí? -me preguntó. Entonces, el no era el que me había enviado esas notas, no sabía ahora que decirle, así que le dije una verdad a medias. -He quedado con una amiga... -esperé a que me preguntase qué amiga, pero no llegó. -Está bien. Adiós. Se cruzó conmigo y siguió su camino, pero fui corriendo hacía él y...

Capítulo 15

Al final, Antonio entró en razón, no había peligro en el pueblo, así que volvimos... por fin pude ver a mi abuela, nos dimos un abrazo que me pareció horas, Ari también vio a sus padres y les dijo que había estado en la excursión de su club, que estaba en Ronda. Ella les dijo que se lo había dicho hacía meses y si no se acordaban no era su culpa. Carolina volvió a su casa, vivía sola en Las Casas Nuevas, no era un problema para ella vivir sola. Todos volvimos al instituto, haciendo "vida normal". Becer volvió a pasar de mí al pasar por mi lado. Yo hice lo mismo con Ariadna cada vez que veía que se me acercaba. Carolina daba sus clases como si nada hubiese pasado. Y Carlos siguió arreglando tuberías y yendo a clase de vez en cuando. Un día en clase recibí una nota, una caligrafía fina y sinuosa que decía: "Te espero en el recreo en la clase 51". No ponía quien era, ni tampoco reconocía la letra, miré a mi clase pero nadie me miraba ni hacía el in...

Capítulo 14

Después del pequeño gran baño en el cual, Carolina y yo tuvimos la misma idea de echar a Ariadna al agua, con la ayuda de los chicos, helados y resguardados por el calor de la hoguera que hicieron Antonio y Carlos, este último quiso hablar con Carolina en privado y luego llamó a Ariadna, lo cual, yo me quedé a solas con Antonio. Nuestras miradas cada vez eran más dulces y a la vez incómodas, dulces por lo que empezamos a sentir el uno por el otro, incómodas porque hacía solo unas horas, estuvimos a punto de besarnos. Pero él empezó a mirar a los tres, sus ojos cada vez se entrecerraban más. -No sé que estará tramando... -murmuró para sí. -¿Puedo hacerte una pregunta? -le pregunté a Becer. Entonces puso media atención en mí, la otra media estaba puesta en los demás. -Tus preguntas están empezando a darme miedo... pero sí. Dispara. -Ese Gravensed... ¿qué te hizo para que lo odies? -No es lo que me hiciera ni me dejara de hacer, aquello lo supere y ya me trae sin cuidado....

Capítulo 13

-¿De verdad existe ese mundo del que habláis? -le pregunté a Becer. Estábamos sentados en un puente colgante, bien sujeto, en la entrada de la cueva, a nuestros pies, el agua caía helada. Los demás estaban intentando encender una pequeña hoguera al resguardo, en un pequeño boquete en la montaña del claro. -Si. No mentiríamos... sería algo estúpido inventarse algo así para gastar una broma, ¿no crees? -me miró a los ojos con una chispa de gracia. Entonces, empezamos a reírnos, como dos adolescentes normales, como si realmente fuéramos de este mundo... y no de otro. Pero la diversión se me acabó cuando recordé una cosa. -¿Y mi abuela? Antonio me miró de nuevo a los ojos. -Tu abuela es fuerte, sabe lo que tiene que hacer. -Su mano me acarició la espalda con dulzura. Le miré y sus ojos intensos me miraban diferente, todo mi mundo desapareció, todo menos él. En ese momento no se me pasaba nada por la cabeza qué decir, pero si sabía algo que podía hacer... nos acerc...

Capítulo 12

-Te estás volviendo loco... no puedes estar hablando enserio. -Los ojos desorbitados de Carolina miraban al vacío. Becer le miraba como si lo que nos acababa de explicar fuese lo más natural del mundo. Yo pensé lo mismo que Carolina, Antonio se tenía que estar volviendo loco... no existían las hadas, ninfas, gnomos, elfos... por mucho que la gente se empeñara, no podían existir seres sobrenaturales... -No puede ser... esos seres sólo existen en los cuentos Antonio. -le dije muy convencida. -Las tres -dijo mirándonos a Ari, Carolina y a mí.- os desmayáis cuando entráis al cementerio, el cual es un portal muy importante en nuestro mundo, pero aun no estáis preparadas para entrar. Carolina, sé lo que puedes hacer, esto no es un comics, no haces lo que haces porque un acelerador de partículas te explotara, sabes como hacer para enterarte de si miento o no. Hazlo y lo descubrirás. Sabes que no miento. Aquí todos nosotros tenemos un pasado... -Terminó mientras miraba también a Carlo...

Capítulo 11

Ni si quiera hubo tiempo de preguntar en el camino de casa hasta el cementerio. Cuando vi las puertas forjadas en hierro me quedé exhausta. Pero hubo algo que me impactó más, a lo lejos vi una larga melena castaña... otra vez. Estaba cruzando las puertas cuando de repente sentí un mareo y me desplomé en el suelo y al momento sentí las manos de Antonio sujetándome fuerte por la cintura. Recuperé el sentido, pude ver de nuevo, sentir mi cuerpo en movimiento y mi cabeza girando hacia la otra presencia. -Profesora... -murmuré.  -¿Cómo te atreves mal nacido? Tú no deberías de estar aquí. -Sabes que tengo el mismo derecho que vosotras... Señora. Entre medio de mi pelo y entrecerrando los ojos, vi como Carolina se quedaba blanca como el papel. -¿Qué? ¿Cómo me has llamado? -Sé quien eres y quien es ella. De camino viene Ariadna, por si no lo sabías. Entonces, se escuchó el murmullo de un motor a lo lejos, cada vez más cerca. Una moto. Quién lo conducía me sonaba...

Capítulo 10

De camino recordé quien era aquella chica, era la profesora... ¿Pero por qué huía Becer de ella? ¿Acaso la odia tanto por ser una simple profesora? No lo entendía... Llegamos a Arriate y como dijo, llegué sana y salva. Pero mi cabeza seguía aún con la idea de que Antonio escapaba de la profesora nueva. Pero, ¿por qué? -Espero que te haya gustado el paseo y que te haya servido para darte cuenta de que no soy tan malo como piensan algunos... -¡Claro que no! Jamás pensaría que tu fueras malo, un poco macarra por lo de la moto y eso, pero malo nunca.  Y volvió a ausentarse, como si lo que le acababa de decir le dejara pensando en si realmente era malo o no... Pero alguien como el no podía ser malo, era extraño, pero malo no. -Antonio... -el puso toda su atención en mí- ¿puedo hacerte una pregunta? -Claro, dispara. -¿Tanto dejaste atrás? Se quedó parado, pensando en lo que le acababa de preguntar. -¿A qué te refieres? -Dónde tú vivías antes... ¿tanto dejaste atrás p...